El Círculo de Periodistas deportivo está de duelo. Falleció Carlos Ferraro, ex Presidente de la Institución y un periodista de la vieja guardia que marcó a varias generaciones con su amistad y conocimientos

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Claudio Mauri

LA NACION
Carlitos Ferraro -así, Carlitos, porque él no permitiría que nos pusiéramos solemnes ni aun en un día tan triste- siempre entendió la vida y el periodismo con un sentido de camaradería, de integración. Jamás hacía rancho aparte. Muy dueño de sus verdades en fútbol, boxeo, automovilismo y política, le gustaba confrontarlas con las opiniones del otro. Un gran dialogante y polemista. De lo más sociable antes de que existieran las redes sociales. Imponente desde sus convicciones y esa voz carrasposa de tanto cigarrillo 43/70. Un personaje entrañable para todos aquellos que lo conocieron, sobre todo para los que compartimos con él las décadas de los 80 y 90 en la sección Deportes del anterior edificio del diario LA NACION, en la calle Bouchard, vecino al Luna Park que lo recibió en tantas veladas pugilísticas.

Una descompensación apagó su vida a los 79 años en su casa de siempre, en el barrio Florida, pegada a las vías del ferrocarril General Belgrano. Carlitos se despidió en el mismo día –un 30 de abril- y en el lugar que durante años abrió sus puertas para recibir a sus compañeros de LA NACION –todos, sin distinción de rango, jefes, redactores y colaboradores-para compartir un asado que empezaba al mediodía y se estiraba hasta al atardecer, cuando el inolvidable Alfredo Parga, una eminencia como especialista en automovilismo, empezaba a desgranar anécdotas. Cada 30 abril, Carlitos cumplía con el ritual de poder reunirnos a todos porque no había que escribir el diario del 1° de mayo.

Nació el 10 de enero de 1942, estuvo casado y deja dos hijos, Ricardo y María Laura, y al nieto Santiago. Su legado en el periodismo también es imborrable para muchos de sus colegas. Es larga la lista de periodistas que, siendo jóvenes y al entrar en la redacción con el nerviosismo de todo principiante, recibían su consejo desinteresado, su palabra protectora, la orientación necesaria para ir descubriendo los secretos del oficio. Nunca se guardaba un consejo, una palabra que ayudara a distender cualquier momento de tensión. Según el interlocutor, sabía ser cálido, irónico, sensible, mordaz o sarcástico. Se sentía cómodo en el teatro de la vida y en la interacción con el otro.

Ferraro ya había sido enviado especial de La Nación al Mundial ’86 cuando tuve la oportunidad de compartir con él mi primer viaje al exterior, a Chile, para cubrir partidos de San Lorenzo y Newell’s por la Copa Libertadores, para luego seguir en Santiago con el tercer Mundial de polo de bajo hándicap. Mis padres volvieron más tranquilos de la despedida en Ezeiza cuando Carlitos les aseguró que iba a estar al lado para ayudar en lo que fuera. El rol de guía le salía de manera natural.

Racing Club despide a Carlos Ferraro, periodista de extensa trayectoria y enorme prestigio profesional, siempre cercano a la vida de nuestra institución. Enviamos nuestras condolencias a su familia y seres queridos

— Racing Club (@RacingClub) May 1, 2021

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